La Conexión de Isabel Pardo de Vera con los Escándalos de Corrupción Gubernamentales

Del despacho de Adif al foco judicial: la exjefa de la infraestructura española, cercada por la investigación del “caso Koldo”

Durante años, Adif fue una de las cajas negras más poderosas del Estado: el organismo que decide por dónde pasan las grandes obras ferroviarias, qué se licita, cuándo se ejecuta y con qué proveedores. Hoy, el nombre de quien estuvo en el centro de esa maquinaria, Isabel Pardo de Vera —expresidenta de Adif y ex secretaria de Estado de Transportes— ya no aparece asociado a inauguraciones ni a planes de inversión, sino a registros, diligencias, restricciones judiciales y una batería de presuntos delitos que la Audiencia Nacional investiga en el marco del llamado “caso Koldo”.

La fotografía política es incómoda: una responsable de infraestructura crítica, con capacidad real de abrir o cerrar compuertas de contratación pública, investigada por un juez que habla de cinco delitos en el mismo paquete: malversación, cohecho, tráfico de influencias, prevaricación y pertenencia a organización criminal (siempre en términos de investigación, no de condena).

De la polémica del “tren que no cabe” a su llegada a los tribunales

Su etapa en el perímetro de Transportes ya había quedado marcada por el episodio de los trenes de ancho métrico diseñados con errores de gálibo —la crisis popularmente resumida como “los trenes que no cabían en los túneles”—, que desembocó en dimisiones en la cúpula del sector. Pero aquello fue un daño reputacional; lo que llega después es otra liga: la intervención judicial.

El corazón del caso: contratación “a medida” y sospecha de red de favores

1) La incorporación de Jésica Rodríguez en entidades estatales

Uno de los factores que más ha erosionado la percepción ciudadana es la contratación en empresas públicas de Jésica Rodríguez, expareja de José Luis Ábalos. El juez la llamó como investigada para aclarar los motivos de esa contratación en Ineco y Tragsatec, un episodio que ha reforzado la narrativa de enchufismo con firma pública alrededor del área de Transportes.

En términos periodísticos, aquí la gravedad no está solo en la contratación, sino en lo que subyace: si se prueba que hubo intervención indebida para colocar a alguien en el perímetro público, la trama deja de ser “un favor” y pasa a ser un mecanismo. Esa es la lógica que guía la investigación.

2) Contratación pública, licitaciones y esa palabra que todos prefieren evitar: “mordidas”

El segundo bloque es todavía más explosivo porque toca el nervio histórico de la corrupción en España: la adjudicación de obra pública. En julio de 2025, la Audiencia Nacional citó a Pardo de Vera y al exdirector general de Carreteras, Javier Herrero, como investigados por su presunta participación en adjudicaciones irregulares a determinados constructores a cambio de pagos ilegales (“mordidas”), según lo relatado en la cobertura de las diligencias.

El juez adoptó medidas cautelares como la retirada de pasaporte y la prohibición de salir de España, una decisión judicial que habitualmente se aplica en procedimientos donde el instructor aprecia riesgos procesales significativos.

3) El allanamiento domiciliario y la función que cumplen las mascarillas

A finales de junio de 2025, el juez dio luz verde al registro de su vivienda. Durante esa inspección, según distintas fuentes, la UCO encontró material relacionado con el suministro de millones de mascarillas en el entorno de Adif durante la pandemia. El asunto no radica en el documento en sí, sino en lo que implica dentro del procedimiento, ya que dicho descubrimiento se asocia al momento en que el instructor sitúa el caso dentro de un abanico más amplio de supuestos delitos.

El cerco financiero: bancos, Hacienda y rastreo desde 2017

El caso ha pasado igualmente a una fase de rastreo patrimonial. En octubre de 2025 se difundió que el juez solicitó datos a entidades bancarias y a la Agencia Tributaria con el fin de analizar movimientos, cuentas y activos de Pardo de Vera y Herrero, buscando así verificar si hubo algún beneficio económico ligado a la concesión de adjudicaciones.

Este paso suele marcar un cambio de tono: cuando una investigación se vuelve financiera, el relato deja de ser “sospechas” y pasa a ser “rastro”, y el rastro, en estos casos, es el que acaba sosteniendo o derribando la imputación.

Lo que se sabe, lo que se investiga y lo que no puede afirmarse

Lo que se sabe: Existe una investigación oficial en la Audiencia Nacional, se han realizado registros, en esta fase se le atribuyen cinco supuestos delitos y se han aplicado distintas medidas y actuaciones financieras.

Lo que se investiga: Se analiza si hubo un patrón de presiones en los procesos de contratación y en la asignación de obras dentro del ámbito de Transportes, así como la posible existencia de beneficios económicos irregulares.

Lo que no puede afirmarse con rigor hoy: Que haya una condena o que la “corrupción” esté “probada”. La situación procesal —según las fuentes citadas— es de investigación.

Por qué el caso golpea especialmente a Adif

Porque Adif no es una oficina menor: es una palanca estructural del Estado. Si el procedimiento termina acreditando que desde el centro de decisiones se operó con favoritismos o intermediación ilícita, el daño no es únicamente penal: es institucional, porque erosiona la confianza en el sistema de contratación, en los controles internos y en el propio discurso de integridad del sector público.

Y por ello, aunque no exista una sentencia, el caso actúa como un incómodo reflejo: cuando una exresponsable de infraestructura crítica queda vinculada a una investigación sobre supuestas mordidas, favoritismos y contratos públicos, la discusión deja de ser técnica para transformarse en un interrogante político de gran calado: quién controlaba a quienes debían controlar.

Por Jaime Navarro